Argentina cerró 2025 con la tasa de homicidios más baja de su serie histórica. Ese promedio nacional reúne situaciones muy distintas: provincias que redujeron su tasa a la mitad en una década, otras que apenas la modificaron, un puñado de departamentos donde se concentra la violencia letal y algunas variaciones porcentuales llamativas que, examinadas de cerca, no reflejan ningún cambio. Este segundo artículo de la serie recorre el mapa provincial y departamental del homicidio con los datos oficiales del SNIC.
Un promedio y veinticuatro realidades
En el primer artículo de esta serie mostramos que la tasa nacional de homicidios dolosos llegó en 2025 a su mínimo en veintiséis años de registro: 3,6 víctimas cada 100.000 habitantes, 1.676 personas. Ese número describe al país pero no a ninguna provincia en particular. En 2025 la tasa de Neuquén (5,7) fue seis veces la de Corrientes (0,9); la provincia de Buenos Aires concentró el 46% de las víctimas; y de las 24 jurisdicciones, dieciséis registraron menos víctimas que en 2024 y ocho registraron más, algunas con aumentos porcentuales de tres cifras.
Para leer ese mapa hay que tener presente una característica del dato que suele pasarse por alto: en la mayoría de las provincias los homicidios son pocos. Ocho jurisdicciones promedian menos de treinta víctimas por año a lo largo de la serie, y en Tierra del Fuego el promedio es cuatro. Con cantidades así, pasar de 4 a 11 víctimas es un aumento del 175% que puede no significar nada. Buena parte de lo que sigue depende de esa distinción, y por eso el análisis presenta siempre las cantidades absolutas junto a las tasas y, cuando compara períodos, trabaja con promedios de varios años.
El recorrido va del mapa actual a su historia, y de la historia al detalle: primero la situación de cada jurisdicción en 2025, después cómo se llegó a ella, luego lo que cambió en el bienio 2024-2025 y, por último, lo que aparece cuando se desciende del nivel provincial al departamental.
El mapa de 2025

Cinco jurisdicciones superaron en 2025 la tasa de 4 cada 100.000 habitantes: Neuquén (5,7, con 40 víctimas), Santa Fe (5,6; 208), Santa Cruz (4,5; 15), Buenos Aires (4,4; 775) y Chaco (4,3; 52). Nueve quedaron en 2,5 o menos: CABA (2,5; 78), Córdoba (2,4; 96), Entre Ríos (2,3; 34), Santiago del Estero (2,0; 21), La Pampa (1,6; 6), Catamarca (1,4; 6), San Juan (1,4; 12), San Luis (1,3; 7) y Corrientes (0,9; 11). Las diez restantes se ubican entre 2,7 y 3,7: Mendoza, Salta, Río Negro, Misiones, Chubut, Formosa, Jujuy, Tucumán, La Rioja y Tierra del Fuego.
Las cantidades entre paréntesis merecen tanta atención como las tasas. Santa Cruz aparece tercera del país con 15 víctimas y Neuquén primera con 40, mientras que la provincia de Buenos Aires, cuarta en tasa, aporta casi la mitad de las víctimas nacionales; sumadas Santa Fe y CABA, las tres jurisdicciones del área central reúnen el 63%. Un ordenamiento por tasas describe el riesgo relativo de cada población; un ordenamiento por víctimas describe dónde ocurre efectivamente la violencia letal en el país. Los dos son necesarios y ninguno reemplaza al otro.
Cómo se cerró la brecha
El rasgo más nítido de la serie provincial es la convergencia. Las jurisdicciones no bajaron todas al mismo ritmo, pero las que partían de niveles más altos bajaron mucho más, y el resultado es un mapa bastante más homogéneo que el de hace una década.

La brecha se cerró por arriba. La tasa provincial más alta del país fue 13,7 en 2002 (Buenos Aires), 13,3 en 2014 (Chubut, seguida de Santa Fe con 13,2), todavía 10,9 en 2023 (Santa Fe) y 5,7 en 2025. La más baja, en cambio, osciló durante toda la serie entre 0,6 y 1,8 sin ninguna tendencia. La mediana provincial, que era 7,0 en 2000 y 5,0 en 2014, cayó a 2,9 en 2025, y la cantidad de jurisdicciones con tasa igual o mayor que 4 pasó de 16 en 2014 y 15 en 2019 a 5 en 2025.
La convergencia, además, no fue gradual. El coeficiente de variación de las tasas provinciales, que resume su dispersión en un solo número, se mantuvo entre 46% y 58% desde 2014 hasta 2023 y bajó a 40-43% en 2024-2025. Casi todo el cambio ocurrió en 2024, cuando Santa Fe dejó de ser un caso aparte: ese año la distancia entre la tasa provincial máxima y la mínima se redujo de diez veces a cinco.
Otro modo de ver lo mismo consiste en preguntarse cuándo tocó cada provincia el punto más bajo de su serie. Diez de las 24 lo hicieron en 2024 o 2025: Chubut, CABA, Corrientes, Formosa, Mendoza, San Luis, Santiago del Estero, Neuquén, Santa Cruz y Santa Fe. Otras seis lo habían hecho entre 2020 y 2023, entre ellas Buenos Aires (2022) y Córdoba (2021). Las ocho restantes tienen su mínimo antes de 2010. Cinco de ellas son jurisdicciones pequeñas (Catamarca, La Rioja, San Juan, La Pampa y Tierra del Fuego), donde el mínimo de la serie depende más de las oscilaciones anuales que de una tendencia; las otras tres son Salta, Tucumán y Jujuy, cuyos pisos de 2007-2008 corresponden al período anterior al aumento de la violencia que atravesó el norte del país en la década siguiente.
De dónde viene cada provincia
Para comparar trayectorias sin que las oscilaciones anuales de las provincias chicas distorsionen la lectura, conviene trabajar con promedios de tres años. El cuadro siguiente compara el trienio 2015-2017, cuando la serie nacional tocó su mínimo previo, con el trienio 2023-2025, y agrega el máximo histórico de cada jurisdicción como referencia de la distancia recorrida.
| Jurisdicción | Tasa 2015-17 | Tasa 2023-25 | Variación | Víctimas/año 2023-25 | Máximo de la serie (año) |
|---|---|---|---|---|---|
| Santa Fe | 10,6 | 7,1 | -33% | 262 | 13,2 (2014) |
| Neuquén | 6,5 | 4,8 | -26% | 34 | 10,3 (2001) |
| Chaco | 5,6 | 4,7 | -15% | 57 | 11,7 (2002) |
| Buenos Aires | 6,7 | 4,6 | -31% | 808 | 13,7 (2002) |
| Chubut | 8,0 | 4,4 | -45% | 26 | 13,3 (2014) |
| Salta | 6,0 | 4,0 | -33% | 59 | 8,1 (2002) |
| Río Negro | 5,3 | 3,7 | -31% | 29 | 9,4 (2001) |
| Tucumán | 6,1 | 3,7 | -39% | 65 | 9,0 (2020) |
| Misiones | 4,3 | 3,4 | -21% | 45 | 10,0 (2001) |
| Mendoza | 6,9 | 3,3 | -53% | 67 | 11,1 (2003) |
| Formosa | 7,5 | 3,3 | -57% | 20 | 12,3 (2002) |
| Santa Cruz | 4,7 | 3,0 | -36% | 10 | 13,1 (2003) |
| Entre Ríos | 4,3 | 2,8 | -34% | 41 | 9,7 (2003) |
| Santiago del Estero | 3,8 | 2,8 | -25% | 30 | 6,0 (2002) |
| Córdoba | 3,5 | 2,8 | -20% | 110 | 6,8 (2000) |
| CABA | 4,9 | 2,7 | -46% | 83 | 6,6 (2014) |
| Jujuy | 4,6 | 2,6 | -43% | 21 | 5,9 (2009) |
| Corrientes | 2,3 | 2,4 | +7% | 29 | 8,9 (2001) |
| San Luis | 4,1 | 2,3 | -43% | 12 | 6,3 (2000) |
| La Rioja | 2,3 | 2,0 | -15% | 8 | 3,7 (2006) |
| Tierra del Fuego | 1,5 | 1,8 | +22% | 3 | 7,2 (2000) |
| Catamarca | 2,7 | 1,4 | -45% | 6 | 4,2 (2001) |
| La Pampa | 2,3 | 1,4 | -39% | 5 | 7,3 (2000) |
| San Juan | 2,6 | 1,2 | -53% | 10 | 3,8 (2011) |
| Argentina | 6,0 | 4,0 | -33% | 1.843 | 9,5 (2002) |

El cuadro y las veinticuatro trayectorias, ordenadas por su nivel actual, permiten distinguir cuatro perfiles. Los últimos renglones del gráfico muestran, además, lo que se anticipó al comienzo: en las jurisdicciones más pequeñas la tasa anual sube y baja de un año a otro sin describir ninguna tendencia.
Los descensos de escala. Santa Fe, Buenos Aires, Tucumán, Mendoza y CABA bajaron a un ritmo igual o superior al nacional partiendo de niveles altos y con volúmenes de víctimas que no dejan lugar a dudas sobre la tendencia. Entre las cinco explican 1.253 de las 1.577 víctimas menos que tuvo el país entre 2014 y 2025. Mendoza y CABA son los casos menos comentados: la primera pasó de una tasa de 9,0 en 2014 a 3,2 en 2025, la segunda de 6,6 a 2,5, y en ambas el descenso fue sostenido, sin el quiebre abrupto de Santa Fe.
Los descensos desde niveles muy altos. Chubut, Formosa, Río Negro y Entre Ríos tuvieron tasas de dos dígitos o cercanas en distintos momentos de la serie (Chubut llegó a 13,3 en 2014; Formosa, a 12,3 en 2002 y 10,4 en 2015) y hoy se ubican alrededor del promedio nacional o por debajo. Sus volúmenes son menores, pero la caída es tan pronunciada y sostenida que la tendencia es clara. Salta y Santa Cruz pueden sumarse a este grupo con más reservas.
Las rezagadas. Neuquén, Chaco y Misiones bajaron menos que el país y quedaron por eso entre las tasas más altas de 2025. Ninguna de las tres tiene hoy una tasa que hace diez años hubiera llamado la atención; lo que las distingue es que el resto bajó más rápido. Neuquén, con la tasa más alta del país en 2025, promedió 34 víctimas anuales en el trienio 2023-2025, y su serie muestra desde 2017 una meseta entre 4,3 y 6,5 antes que una tendencia ascendente.
El piso bajo. Córdoba, Santiago del Estero, Jujuy, Corrientes, San Luis, La Rioja, Tierra del Fuego, Catamarca, La Pampa y San Juan están por debajo de 3 en el trienio y, en general, lo estuvieron durante buena parte de la serie. Córdoba es el caso relevante por su tamaño: la segunda provincia más poblada del país tiene una tasa de 2,4 con 96 víctimas en 2025 y no superó 4,5 en ningún año desde 2004. Las otras nueve son jurisdicciones pequeñas, cuyas tasas se mueven mucho de un año a otro sin que eso indique nada.
Entre estas trayectorias, la de Tucumán es la menos conocida. Entre 2010 y 2020 la provincia pasó de una tasa de 2,4 a 9,0, la segunda del país detrás de Santa Fe, con 152 víctimas en el año de la pandemia. En los cinco años siguientes bajó a 2,7 (47 víctimas). Es un descenso del 70%, mayor en términos relativos que el de Santa Fe en el mismo período, que devolvió a la provincia al nivel anterior a la escalada. Tucumán es la tercera contribución al descenso nacional de 2020-2025, después de Santa Fe y Buenos Aires, y a diferencia de Santa Fe su caída fue gradual: 105 víctimas en 2021, 82 en 2022 y 2023, 67 en 2024, 47 en 2025.
La otra particularidad del último quinquenio es que el descenso fue federal como no lo había sido ningún otro. En 2002-2007 la provincia de Buenos Aires explicó el 74% de la caída nacional. En 2014-2020, Buenos Aires, Santa Fe y CABA explicaron el 85%, mientras varias provincias del norte iban en dirección contraria. En 2020-2025 esas tres jurisdicciones explican solo la mitad de la caída, y ninguna provincia con más de treinta víctimas anuales aumentó.
El bienio 2024-2025: qué cambió
La Tabla 5 del Informe SNIC 2025 presenta las variaciones interanuales de la tasa de víctimas por jurisdicción. Leída literalmente produce titulares vistosos: La Rioja +173,8%, Santa Cruz +149,8%, Jujuy +87,0%, Tierra del Fuego +66,0%, Corrientes -66,8%, San Luis -56,5%. Todos esos porcentajes son aritméticamente correctos, pero La Rioja pasó de 4 a 11 víctimas y Tierra del Fuego de 3 a 5. En jurisdicciones con tan pocos casos la cantidad anual de homicidios oscila, por simple azar, en márgenes que superan con facilidad el 50%, y una variación de esa magnitud no dice nada sobre la dirección en la que se mueve la provincia.
Para identificar qué cambió efectivamente, comparamos el dato de 2025 de cada jurisdicción con su nivel de 2022-2024 y verificamos si la diferencia excede lo que puede variar por fluctuación aleatoria dado su volumen de casos (el procedimiento se describe en la ficha técnica). Con ese criterio, solo seis jurisdicciones registraron en 2025 una cantidad de víctimas incompatible con su nivel reciente. Cinco bajaron: Santa Fe (208 víctimas, cuando su nivel de 2022-2024 era de 328 por año), Tucumán (47 frente a 77), Corrientes (11 frente a 34), Santiago del Estero (21 frente a 35) y San Luis (7 frente a 15). Una subió: Jujuy (30 frente a 17). Las otras dieciocho, incluidas las cuatro que encabezan la lista de aumentos del informe, se movieron dentro de lo esperable. Lo mismo vale para Neuquén, la nueva tasa más alta del país: pasó de 30 a 40 víctimas, un valor compatible con su nivel de 2022-2024, de modo que su primer puesto es real pero no hay evidencia de que la provincia esté hoy peor que hace tres años.
El caso de Santa Fe requiere una precisión. Respecto de 2024 la provincia subió de 179 a 208 víctimas, y ese aumento del 16% figura en el informe entre las principales subas del año. Respecto de su nivel de 2022-2024, en cambio, 2025 es una confirmación: la ruptura de 2024, cuando la provincia pasó de 399 a 179 víctimas, no se revirtió, y la tasa de 5,6 sigue siendo la segunda más baja de su serie desde 2000. Como señalamos en el primer artículo, la magnitud y la simultaneidad de ese quiebre con el despliegue federal en Rosario son compatibles con un efecto de la intervención, sin que pueda excluirse el repliegue del conflicto entre organizaciones criminales. Un año más de datos no devolvió a la provincia a su nivel previo.
Corrientes es el caso opuesto y el más difícil de interpretar. La provincia venía de 25, 43 y 33 víctimas en 2022-2024 y registró 11 en 2025, la tasa más baja del país (0,9) y su propio mínimo histórico. Es una caída que no puede atribuirse al azar. La provincia ya había tenido un piso de 15 víctimas en 2016, de modo que un nivel muy bajo no es inédito, y las tentativas de homicidio también bajaron en 2025. Pero ni la base de datos ni el informe ofrecen una explicación: el anexo de rectificaciones consigna solamente que Corrientes eliminó un hecho y dos víctimas del año 2024, y no hay una nota metodológica específica sobre la provincia. Corresponde consignar el dato como oficial y señalar que un descenso de esa magnitud, en una jurisdicción de ese tamaño, requiere seguimiento antes de leerlo como tendencia.
La imagen del bienio que surge de este ejercicio es más sobria que la de las variaciones porcentuales: un descenso real y difuso, tres o cuatro provincias que explican los movimientos grandes, y una mayoría de jurisdicciones que se mantuvo en niveles bajos con las oscilaciones propias de sus cantidades.
Debajo del mapa provincial
La provincia es la unidad de comparación habitual, pero no es la unidad en la que la violencia letal ocurre. La base departamental del SNIC, que reconstruye el total nacional a partir de 550 departamentos y partidos, muestra hasta qué punto el homicidio es un fenómeno concentrado. En 2025, veinte departamentos reunieron la mitad de las víctimas del país y cien reunieron el 85%; 284 departamentos no registraron ninguna víctima y otros 149 registraron una o dos.
Los diez departamentos con más víctimas en 2025 fueron La Matanza (149), Rosario (113), La Capital de Santa Fe (53), Lomas de Zamora (51), Moreno (48), Córdoba Capital (45), General San Martín (39), General Pueyrredón (37), Almirante Brown y Quilmes (36 cada uno). Ocho de los diez pertenecen al área metropolitana de Buenos Aires o al eje Rosario-Santa Fe. Entre los departamentos de más de 150.000 habitantes, las tasas más altas del año correspondieron a General José de San Martín, en el norte de Salta (9,8; 18 víctimas), La Capital de Santa Fe (8,9), General San Martín (8,8), Moreno (8,4), José C. Paz (8,3), La Matanza y Rosario (8,1 cada una).
La comparación entre estos dos últimos resume el cambio del bienio. En el trienio 2021-2023 Rosario tuvo una tasa de 18,9 y La Matanza de 7,2; en 2025 las dos tienen la misma tasa, y La Matanza registra más víctimas en términos absolutos. Aplicando a los departamentos el mismo criterio que a las provincias, esta vez sobre el bienio 2024-2025 completo frente al promedio 2021-2023 y limitado a los 86 departamentos con volumen suficiente para el ejercicio, catorce muestran cambios que no se explican por azar. El cuadro siguiente los presenta con sus promedios anuales de víctimas y sus tasas antes y después.
| Departamento | Provincia | Víctimas por año 2021-23 | Víctimas por año 2024-25 | Tasa 2021-23 | Tasa 2024-25 |
|---|---|---|---|---|---|
| Rosario | Santa Fe | 265 | 102 | 18,9 | 7,3 |
| La Capital | Santa Fe | 75 | 45 | 12,6 | 7,6 |
| Capital | Tucumán | 49 | 33 | 8,1 | 5,5 |
| La Plata | Buenos Aires | 33 | 21 | 4,3 | 2,7 |
| Comuna 7 | CABA | 16 | 9 | 6,6 | 3,6 |
| Comuna 4 | CABA | 22 | 15 | 9,2 | 6,2 |
| Presidente Perón | Buenos Aires | 11 | 5 | 10,3 | 4,4 |
| Rawson | Chubut | 11 | 6 | 7,4 | 3,7 |
| Campana | Buenos Aires | 9 | 5 | 7,9 | 4,1 |
| Santo Tomé | Corrientes | 7 | 2 | 9,4 | 2,8 |
| Dr. Manuel Belgrano | Jujuy | 6 | 11 | 1,8 | 3,5 |
| Castellanos | Santa Fe | 6 | 13 | 3,0 | 6,3 |
| Lomas de Zamora | Buenos Aires | 36 | 49 | 5,3 | 7,1 |
| La Matanza | Buenos Aires | 132 | 151 | 7,2 | 8,2 |
Víctimas de homicidio doloso, promedio anual de cada período, y tasas anuales promedio cada 100.000 habitantes. Departamentos cuyo total 2024-2025 queda fuera del rango de fluctuación aleatoria respecto de su promedio 2021-2023, entre los 86 con al menos cinco víctimas anuales en ese trienio. Fuente: OSC sobre base departamental SNIC 2000-2025.
Dos cosas se desprenden del cuadro. La primera es que la caída de Rosario, de 265 a 102 víctimas anuales, explica por sí sola alrededor de la mitad de todo el descenso nacional del bienio, y con Santa Fe capital y San Miguel de Tucumán se llega a dos tercios: la reducción provincial de Santa Fe y Tucumán es, en el territorio, la reducción de tres ciudades. La segunda es que mientras el país bajaba, La Matanza y Lomas de Zamora subieron por fuera del margen de azar. Los dos pertenecen al conurbano bonaerense y son, junto con Rosario, los distritos con más víctimas absolutas del país. Que la provincia de Buenos Aires en su conjunto se haya mantenido estable en el bienio (820 y 775 víctimas, ambas dentro de lo esperable) encubre una redistribución interna: bajaron La Plata, Presidente Perón y Campana, subieron La Matanza y Lomas de Zamora.
Los otros 72 departamentos grandes no muestran cambios estadísticamente distinguibles. La lista incluye a Córdoba Capital, Mar del Plata, Quilmes, Almirante Brown, Moreno y todo el Gran Mendoza. En la mayoría del país, y también en la mayoría de sus grandes ciudades, el bienio transcurrió sin novedades: ni una mejora ni un deterioro que los datos permitan afirmar.
Fuera de las grandes áreas metropolitanas, los focos persistentes de violencia letal aparecen en el norte de Salta. Los departamentos de General José de San Martín (Tartagal) y Orán tuvieron en el trienio 2023-2025 tasas de 8,4 y 9,1, comparables a las del conurbano oeste y superiores a las de casi todo el resto del país. Son departamentos de frontera, con entre 15 y 20 víctimas anuales, cuya situación queda oculta en la tasa provincial de Salta (3,2 en 2025) y que justificarían un análisis propio.
Lecturas y preguntas abiertas
El mapa provincial de 2025 es el más homogéneo de la serie, y lo es porque el descenso de la última década fue general, con la excepción parcial de tres provincias. Eso tiene una consecuencia para el análisis: cuando casi todos bajan, la comparación entre jurisdicciones explica menos que antes, y las diferencias que subsisten (Neuquén, Chaco y Misiones arriba; Córdoba y el noroeste chico abajo) son diferencias de nivel más que de dirección. Por qué Córdoba, con casi cuatro millones de habitantes, sostiene desde hace veinte años una tasa que es la mitad de la de Buenos Aires o Santa Fe es una de las preguntas más productivas que el mapa deja abierta, y las estadísticas oficiales no la responden.
La segunda lectura es metodológica y la consideramos central. Buena parte de la conversación pública sobre seguridad en las provincias se construye sobre variaciones interanuales de tasas, y en dos tercios de las jurisdicciones argentinas esas variaciones están dominadas por el azar. Un ordenamiento anual de las provincias donde más crecieron los homicidios tiene, en su mitad superior, más ruido que información, y las políticas evaluadas sobre esa base pueden estar respondiendo a oscilaciones que se habrían revertido solas. El criterio utilizado aquí es elemental y cualquier organismo puede aplicarlo; incorporarlo a la lectura de las cifras provinciales, en los informes oficiales y en la cobertura periodística, mejoraría el debate más que cualquier dato nuevo.
La tercera es que la escala relevante para entender la violencia letal es local. Veinte departamentos concentran la mitad de las víctimas, y en el bienio la mayor parte del movimiento nacional se explica por tres ciudades que bajaron y dos partidos del conurbano que subieron. La provincia como unidad de análisis diluye esas realidades. La disponibilidad de la base departamental del SNIC, y la decisión reciente de que las fuerzas federales desagreguen también sus registros a ese nivel, permiten un análisis territorial mucho más fino del que se hace habitualmente. Que ese análisis se haga, y se haga bien, es lo que corresponde pedir.
El tercer artículo de esta serie dejará los homicidios para ocuparse de los delitos contra la propiedad, donde el panorama de la última década es bastante menos favorable.
Fuentes
Ministerio de Seguridad Nacional, Dirección Nacional de Estadística Criminal. Informe del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), año 2025, mayo de 2026. Bases de datos SNIC nacional, provincial y departamental 2000-2025, disponibles en argentina.gob.ar/seguridad/estadisticascriminales. Cartografía: Natural Earth.
Ficha técnica
Datos. Todas las cifras corresponden a víctimas de homicidio doloso (código 1 del SNIC) según las bases públicas del SNIC en su versión de mayo de 2026, que incorpora las rectificaciones retroactivas comunicadas por las jurisdicciones. Las tasas son las publicadas por la DNEC. Los promedios trienales y las cifras departamentales fueron calculados por el OSC a partir de las bases. Las tasas de 2022 a 2025 se calculan sobre proyecciones del Censo 2022 y las de 2010 a 2021 sobre proyecciones del Censo 2010, por lo que la comparación entre ambos períodos incorpora una discontinuidad menor que no altera las conclusiones. El homicidio doloso es el delito con registro más completo y comparable entre jurisdicciones; las advertencias del informe SNIC sobre diferencias entre sistemas provinciales de registro se aplican sobre todo a otras categorías delictivas.
Fluctuación aleatoria y números bajos. Los homicidios son sucesos poco frecuentes, y la cantidad que ocurre en un territorio en un año determinado oscila alrededor de un valor típico por razones ajenas a cualquier tendencia. Esa oscilación tiene una magnitud conocida y es proporcionalmente mayor cuanto más bajos son los números: donde ocurren en promedio 5 homicidios por año, una variación de 50% en un sentido u otro se produce por puro azar aproximadamente uno de cada cuatro años; con 10 anuales, uno de cada ocho; con 20, uno de cada cincuenta; con 100, prácticamente nunca. Ocho jurisdicciones argentinas promedian menos de 30 víctimas anuales en la serie 2000-2025, y en ellas la variación interanual mediana está entre 30% y 50%. Para evaluar si el dato de un año es compatible con el nivel reciente de una jurisdicción, tomamos como valor esperado el promedio de los tres años previos y calculamos el intervalo del 95% de una distribución de Poisson con ese parámetro; un dato fuera del intervalo se considera incompatible con la fluctuación aleatoria. Es una prueba deliberadamente simple, que no incorpora tendencias ni sobredispersión y que, aplicada a 24 jurisdicciones, admite alrededor de un falso positivo por año. Su propósito es distinguir movimientos grandes de oscilaciones ordinarias, no estimar efectos. Aplicada hacia atrás, indica que en 2024, respecto del trienio 2021-2023, solo Santa Fe y Tucumán habían bajado por fuera del azar y solo Río Negro había subido. A nivel departamental se aplicó al bienio 2024-2025 completo frente al promedio 2021-2023, restringiendo el ejercicio a los departamentos con un valor esperado de al menos diez víctimas en el bienio, para evitar señales espurias en unidades muy pequeñas.
Registros federales. El informe SNIC 2025 señala que a partir de 2025 las fuerzas federales desagregan sus registros a nivel departamental, con rectificación retroactiva de 2024, lo que no afecta los totales nacionales ni provinciales pero puede modificar la distribución departamental respecto de publicaciones anteriores. En homicidios dolosos la participación de las fuerzas federales es reducida.